La naturaleza ejerce una profunda influencia sobre mí y, cada vez que me encuentro conmigo mismo, estoy conmigo mismo.
Mi lienzo contiene el lenguaje del acrílico y el pastel con el que hablo, transmitiendo mis pensamientos y emociones. La profundidad de mis pinturas, con su uso sobrio y texturizado de los colores, reside en esta emotividad más que en la materialidad de las imágenes. La belleza puede ser, de hecho, superficial, pero el significado se encuentra en otra parte, más arraigado en el corazón y la mente. Cuando el espectador se conecta con la pintura, también se une a esta conversación y comparte su alegría.