Víctor ha de salvar en sus telas y cartulinas la planimetría del muro y la maniobra evasiva; para intersecar planos, espacios, historias acumuladas, versos labrados en la piedra como resultado de ese diálogo perenne entre el hombre y las fuerzas de la naturaleza; para alzarse sobre cualquier cómodo mimetismo en su trayecto hacia la morada del espíritu y entregar una obra viva, maleable, una manera de interpretar cualquier realidad, no de reproducir un hallazgo formal ni un modo de vida… (C. Escala Fernández).